El golpista del cardenal
Es mucho lo que se ha dicho sobre las declaraciones del Cardenal Castillo Lara. Desde la gente que forma parte del gobierno hasta los que se encuentran en oposición a este, pasando por los que no les importa un bledo (Los famosos ni-ni).
Presento unos fragmentos de sus declaraciones, tomados de una página Web progubernamental:
“La aplicación del Art. 350 de nuestra Carta Magna es la única salida que puede evitar que continúe el camino hacia el comunismo que ha tomado nuestro país. La gente tiene que tomar la calle..”.
“Si 500.000 personas se mueven para hacer una protesta, una cacerola, ¿dígame usted cómo los van a castigar?”
“No hay cárcel para todos. Lo importante es que el pueblo tenga conciencia de que este gobierno hizo trampa, hubo el fraude, que no es un fraude supuesto. Ese es un gigantesco fraude real, ¡que se hizo! Se adulteró el Registro Electoral, y no lo han depurado a menos de 20 días de las elecciones regionales”.
“Creo que no se debe ir a votar si no hay garantías”.
“No se está llamando a una rebelión armada, sino a quitar de un puesto a quien no quiere dejarlo. Debemos pedirle a Dios, pero también debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para defender la libertad, la democracia. Aquí están en peligro las libertades”.
“Cuando yo hablo, hablo con toda la seguridad de que estoy haciendo una obra de Iglesia. Denunciar la injusticia y la pérdida de la libertad, no es cuestión de política. Es un asunto de humanidad, y la Iglesia, experta en humanidad, debe defender estos valores esenciales para el hombre.”
“Yo considero que la situación actual es gravísima. Lamentablemente, diera la impresión de que la gente, pasado el fervor del referendo, se ha olvidado de esto, y cerrado ya el capítulo piensan que no hay nada qué hacer y entonces sólo tratan de sobrevivir. Es una señal muy mala cuando la gente pierde el espíritu de lucha, que es tan necesario.”
“Para mí lo más grave es que Venezuela está en una pendiente, y va cayendo paulatina pero muy seguramente hacia un sistema completamente dictatorial, colectivista, como el que tiene Fidel Castro en Cuba. Es la libertad lo que está en peligro. La libertad es uno de los bienes más sagrados e importantes de la persona humana. Este gobierno ha querido siempre cubrirse con un manto de democracia, pero ese es un manto falso” (1)
Como podemos ver, lo que aquí se saca a colación, debe ser lo que consideran lo mas conspirativo y desestabilizador de su discurso, así que solo me basaré en estas declaraciones para tratar de discernir, si está, como dice Rugeles (1) que dice Puebla, “tomando posición partidista (Cf. 91), de manera personalista y sin que deba mezclar su opinión con el devenir de La Iglesia”, o si, por el contrario, su toma de posición frente al gobierno actual está fundamentado en la visión de la iglesia.
Para nadie es un secreto que desde que comenzó este gobierno los roces con la iglesia han sido mayores que en toda la historia postperezjimenista. Desde el cierre del hospital de Mérida a cargo de su Diócesis, pasando por la reducción del aporte del estado a las escuelas católicas, en especial a “Fe y Alegría”, hasta las vejaciones, insultos y hasta agresiones físicas de que han sido objeto los obispos venezolanos por parte de la gente gobiernera, desde el presidente de la república hasta los consabidos asalariados de la “esquina caliente” de la Plaza Bolívar de Caracas. Por otro lado, la descalificación de la jerarquía católica ha estado acompañada de fuertes aportes económicos destinados a sacerdotes y agrupaciones que hacen vida dentro de la iglesia, simpatizantes del gobierno o plenamente identificados con sus postulados, en una afán de llevar la división a su propio seno.
Al respecto dice Puebla (2):
Tal ministerio fue confiado a Pedro y a los demás apóstoles, cuyos sucesores son hoy día el Romano Pontífice y los Obispos, a quienes se unen, como colaboradores, los presbíteros y diáconos. Los Pastores de la Iglesia no sólo la guían en nombre del Señor. Ejercen también la función de maestros de la verdad y presiden sacerdotalmente el culto divino. El deber de obediencia del Pueblo de Dios frente a los Pastores que le conducen, se funda, antes que en consideraciones jurídicas, en el respeto creyente a la presencia sacramental del Señor en ellos. ésta es su realidad objetiva de fe, independiente de toda consideración personal.
(Puebla, Conclusiones 259)
El problema de la «Iglesia popular», que nace del Pueblo, presenta diversos aspectos. Si se entiende como una Iglesia que busca encarnarse en los medios populares del continente y que, por lo mismo surge de la respuesta de fe que esos grupos den al Señor, se evita el primer obstáculo: la aparente negación de la verdad fundamental que enseña que la Iglesia nace siempre de una primera iniciativa «desde arriba»; del Espíritu que la suscita y del Señor que la convoca. Pero el nombre parece poco afortunado. Sin embargo, la «Iglesia popular» aparece como distinta de «otra», identificada con la Iglesia «oficial» o «institucional», a la que se acusa de «alienante». Esto implicaría una división en el seno de la Iglesia y una inaceptable negación de la función de la jerarquía. Dichas posiciones, según Juan Pablo II, podrían estar inspiradas por conocidos condicionamientos ideológicos.
(Puebla, Conclusiones 263)
¿Cuál, dice el documento de Puebla, debe ser el mayor deber de La Iglesia (Y, por ende, de cada uno de sus miembros)?:
Comprobamos, pues, como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada, por ejemplo, en mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, salarios de hambre, desempleo y subempleo, desnutrición, inestabilidad laboral, migraciones masivas, forzadas y desamparadas, etc. 29
Esta realidad exige, pues, conversión personal y cambios profundos de las estructuras que respondan a legítimas aspiraciones del pueblo hacia una verdadera justicia social; cambios que, o no se han dado o han sido demasiado lentos en la experiencia de América Latina. 30
La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela: 31
- rostros de niños, golpeados por la pobreza desde antes de nacer, por obstaculizar sus posibilidades de realizarse a causa de deficiencias mentales y corporales irreparables; los niños vagos y muchas veces explotados de nuestras ciudades, fruto de la pobreza y desorganización moral familiar; 32
- rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustrados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación; 33
- rostros de indígenas y con frecuencia de afroamericanos, que, viviendo marginados y en situaciones inhumanas, pueden ser considerados los más pobres entre los pobres; 34
- rostros de campesinos, que como grupo social viven relegados en casi todo nuestro continente, a veces, privados de tierra, en situación de dependencia interna y externa, sometidos a sistemas de comercialización que los explotan; 35
- rostros de obreros frecuentemente mal retribuidos y con dificultades para organizarse y defender sus derechos; 36
- rostros de subempleados y desempleados, despedidos por las duras exigencias de crisis económicas y muchas veces de modelos de desarrollo que someten a los trabajadores y a sus familias a fríos cálculos económicos; 37
- rostros de marginados y hacinados urbanos, con el doble impacto de la carencia de bienes materiales, frente a la ostentación de la riqueza de otros sectores sociales; 38
- rostros de ancianos, cada día más numerosos, frecuentemente marginados de la sociedad del progreso que prescinde de las personas que no producen. 39
Compartimos con nuestro pueblo otras angustias que brotan de la falta de respeto a su dignidad como ser humano, imagen y semejanza del Creador y a sus derechos inalienables como hijos de Dios. 40
Países como los nuestros en donde con frecuencia no se respetan derechos humanos fundamentales- vida, salud, educación, vivienda, trabajo...-, están en situación de permanente violación de la dignidad de la persona. 41
A esto se suman las angustias surgidas por los abusos de poder, típicos de los regímenes de fuerza. Angustias por la represión sistemática o selectiva, acompañada de delación, violación de la privacidad, apremios desproporcionados, torturas, exilios. Angustias en tantas familias por la desaparición de sus seres queridos de quienes no pueden tener noticia alguna. Inseguridad total por detenciones sin órdenes judiciales. Angustias ante un ejercicio de justicia sometida o atada. Tal como lo indican los Sumos Pontífices, la Iglesia, «por un auténtico compromiso evangélico», debe hacer oír su voz denunciando y condenando estas situaciones, más aún cuando los gobernantes o responsables se profesan cristianos. 42
Las ideologías marxistas se han difundido en el mundo obrero, estudiantil, docente y otros ambientes con la promesa de una mayor justicia social. En la práctica, sus estrategias han sacrificado muchos valores cristianos y, por ende, humanos, o han caído en irrealismos utópicos, inspirándose en políticas que, al utilizar la fuerza como instrumento fundamental, incrementan la espiral de la violencia. 48
Las ideologías de la Seguridad Nacional han contribuido a fortalecer, en muchas ocasiones, el carácter totalitario o autoritario de los regímenes de fuerza, de donde se ha derivado el abuso del poder y la violación de los derechos humanos. En algunos casos pretenden amparar sus actitudes con una subjetiva profesión de fe cristiana. 49
La situación de injusticia que hemos descrito en la parte anterior nos hace reflexionar sobre el gran desafío que tiene nuestra pastoral para ayudar al hombre a pasar de situaciones menos humanas a más humanas. Las profundas diferencias sociales, la extrema pobreza y la violación de derechos humanos que se dan en muchas partes son retos a la Evangelización. Nuestra misión de llevar Dios a los hombres y los hombres a Dios, implica también construir entre ellos una sociedad más fraterna. Esta situación social no ha dejado de acarrear tensiones en el interior mismo de la Iglesia; tensiones producidas por grupos que, o bien enfatizan «lo espiritual» de su misión, resintiéndose por los trabajos de promoción social, o bien quieren convertir la misión de la Iglesia en un mero trabajo de promoción humana. 90
Cómo podemos ver, a todo lo que ha denunciado la Conferencia Episcopal Venezolana desde hace siete años, que está plenamente vigente, y que se basa en las exhortaciones de Puebla, que son la de Jesús, y en Jesús no son exhortaciones, son órdenes; la respuesta de la gente del gobierno ha sido la descalificación. Todos recordamos las palabras del vicepresidente Rangel acerca de que los sacerdotes deberían estar pendientes de llevar las almas al cielo y no meterse en política, pero pone en blanco los ojos cuando se refiere a Ernesto Cardenal o a Camilo Torres (Dios lo tenga en su Gloria). Ante una elite gubernamental que aplasta todo disenso, se alza la voz de los pastores de la iglesia que no se ponen a las órdenes de los poderosos, sino que se colocan al lado de los desvalidos, y desvalidos son hoy todos los venezolanos, atrapados en una vorágine mas propia de una redada de lobos hambrientos que no solo le quitan al hombre su dignidad, condicionándole el pan y el pan de sus hijos, sino que amenaza con cercenarle completamente su libertad y hasta su vida. No olvidemos, que los regimenes de fuerza se sostienen por las armas, y que en sus delirios, este tipo de gobernantes suelen acudir al expediente de las guerras con sus pueblos hermanos.
¿Qué ha denunciado la CEV?
Que los niños de la calle, no solo siguen en la calle sino que son más numerosos, que las instituciones que les prestaban ayuda se encuentran, prácticamente en estado de sitio.
Que a las personas se les despide de sus trabajos, por el solo hecho de no estar de acuerdo o no militar en el partido de gobierno. Que mientras la pobreza aumenta a pasos inconmensurables, las riquezas de los gobierneros aumentan en la misma medida haciendo una ofensiva ostentación de la misma.
Que nuestra juventud está a merced, como nunca antes, de la violencia, las drogas, el consumismo y la prostitución.
Que las divisiones entre hermanos se han acentuado, artificialmente, hasta llegar a los extremos de la violencia.
Que los derechos humanos son letra muerta de la constitución, puesto que los presos políticos, los jueces venales, las masacres impunes son evidencia del deterioro de la calidad de vida de las personas.
Que los pobres se mueren de mengua en los hospitales, porque Barrio Adentro es la Flauta de Hámmelin, y en los hospitales no hay los insumos mínimos para atenderlos.
Ya está claramente expresada en Puebla, la opción preferencial por los pobres, y pobres son todos los marginados de la sociedad cualquiera que esta sea y la jerarquía católica venezolana ha tomado partido, no por una agrupación política, sino por los marginados de este gobierno que al final somos todos los venezolanos. Pues un carnét del MVR no garantiza un plato de comida de calidad, ni una vivienda digna, ni seguridad, ni un salario justo.
Hasta dónde he leído las declaraciones del Cardenal Castillo Lara que Ruegeles trae a colación, no he podido ver, como he demostrado, que se haya afiliado a una organización política, sino que ha tomado una posición, como la de Arnulfo Romero: Una opción preferencial por los pobres.
(1) El golpismo se viste de negro y púrpura. Rugeles, Iván. Rebelión
Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=18134
(2) III Conferencia general del episcopado latinoamericano (Celam). PUEBLA. (1979). Tomado de: http://www.aciprensa.com/Docum/puebla01.htm